Solía ​​trabajar con personas con discapacidad mental cuando tenía 18 o 19 años, cambiando pañales y catéteres. Estaba trabajando en turnos nocturnos de 16 horas, teniendo que distribuir medicamentos e ir a capturar a las personas que se escapaban de la casa. A veces tenían convulsiones y teníamos que llevarlos rápidamente al hospital. Ese fue un momento interesante, muy humillante.