Los compositores siempre me recordaban a ese chico de la escuela que andaba por ahí con su guitarra, como, ‘Sí, hombre compositor’, luciendo melancólico. Ese no era yo, ese tipo de personas me desanima. En los primeros días, escribía un montón de letras y casi las miraba como una especie de broma, para hacer reír al resto de los chicos.