La reforma del impuesto sobre sociedades es buena en teoría, pero dura en la práctica. Lo más probable es que requiera tasas impositivas más bajas y el cierre de lagunas, que muchas empresas seguramente lucharán. Y cualquiera que sea la nueva tasa impositiva más baja que se determine, probablemente habrá otro país dispuesto a reducir aún más su tasa, creando una triste carrera hacia cero.