Nuestra singularidad nos hace especiales, hace que la percepción sea valiosa, pero también puede hacernos sentir solos. Esta soledad es diferente de estar «solo»: puedes sentirte solo incluso rodeado de gente. El sentimiento del que hablo proviene de la sensación de que nunca podremos compartir plenamente la verdad de quiénes somos. Experimenté esto de manera aguda a una edad temprana.