Recuerdo haber jugado un juego de baloncesto en la escuela secundaria en el que no comí nada en el desayuno. Comí, ya sabes, como PB y J y algunas papas fritas para el almuerzo y nada antes del juego. No logré pasar el primer trimestre. Ojalá no hubiera aprendido de esa manera, pero dejó una impresión duradera.