La tecnología tiene un lado oscuro. Representa un progreso real en la medicina, pero también la ha perjudicado de muchas maneras, haciéndola más impersonal, cara y peligrosa. La falsa creencia de que una red de seguridad de medicamentos y máquinas sofisticados se extiende debajo de nosotros, lo que permite elecciones de estilo de vida arriesgadas o perezosas, ha minado nuestro espíritu de autosuficiencia.