Las personas que se ofrecen como voluntarias en el centro de reciclaje o en el comedor de beneficencia a través de una iglesia o grupo de vecinos pueden llegar a sentirse parte de algo ‘más grande’. Tal sentido de pertenencia requiere una parte del yo diferente a la que requiere el mercado. El mercado apela a nuestro sentido de interés propio. Nos enfoca en lo que ‘obtenemos’.